Durante ocho años, el emprendimiento familiar La Konga se ha consolidado como un referente de conservación y agroturismo en la región amazónica. Ubicada en un terreno de cuatro hectáreas que combina selva virgen e intervenida, esta finca cultiva un modelo de vida basado en la armonía con la naturaleza, donde las abejas nativas, sin aguijón, son las principales protagonistas.
David Moreno, administrador y propietario de este espacio, enfoca sus esfuerzos en la meliponicultura —la cría respetuosa de abejas nativas—, un arte que trasciende la producción comercial para convertirse en un acto de defensa de la biodiversidad.
En La Konga no se utilizan compuestos químicos que pongan en riesgo la supervivencia de la flora y la fauna local. Gracias a este manejo orgánico y al cuidado constante de la familia Moreno, la finca alberga actualmente ocho especies diferentes de abejas nativas.
Estas especies cumplen un rol ecológico irremplazable: son responsables de la polinización de más del 80% de los bosques tropicales, árboles gigantes y cultivos estratégicos como el cacao. Sin su labor, la producción de alimentos y frutas en la región se vería gravemente comprometida.
“Conservamos a las abejas, no las cosechamos de forma masiva”, señala Moreno, al explicar que solo extraen el 50% de los excedentes, dejando el resto para la alimentación de las colonias y evitando la sobreexplotación.
Las abejas de La Konga se alimentan exclusivamente de flores silvestres del bosque amazónico, lo que da como resultado mieles silvestres con propiedades medicinales.
Según la experiencia compartida por el administrador, estos productos se usan con éxito para paliar diversas dolencias como gripe, tos, asma y gastritis, sanación de heridas, y en la salud visual, un caso destacado involucró a un profesional de Guayaquil que, impulsado por la curiosidad, aplicó miel especial para tratar problemas de cansancio y nubosidad ocular, reportando mejoría tras una semana.
Debido a su extrema pureza, potencia curativa, solo se recolecta un litro de miel al año, en este sitio, algunos de estos productos exclusivos alcanzan un valor de hasta 100 dólares. Además de la miel, en el sitio se cultiva vainilla de forma orgánica.
La Konga forma parte de la ruta ancestral Chocolate y Turismo, ofreciendo a los visitantes recorridos educativos por la chacra donde se aprende sobre la importancia de estos insectos sociales, los cuales se defienden de manera pacífica mediante mordiscos suaves o resinas, y habitan en comunidades perennes dentro de troncos y huecos de árboles.
Para David Moreno, el esfuerzo de estos ocho años representa una inversión para las próximas generaciones que habitarán la Amazonía, demostrando que es posible un desarrollo productivo en equilibrio absoluto con el entorno natural.


