CARNAVAL ENTRE VOLCANES Y SELVA

El Carnaval se perfila como un momento clave para la economía nacional. Con cuatro días de descanso obligatorio, el país busca fortalecer el turismo interno bajo una consigna clara: seguridad y contacto con la naturaleza. Las provincias de Pichincha, Napo y Orellana articularon una red de destinos que prometen, desde el descanso absoluto hasta la aventura extrema.

Estas tres provincias presentan un abanico de experiencias que combinan la adrenalina del rafting, el misticismo ancestral de la selva y la riqueza gastronómica de la Sierra.

La provincia de Pichincha no es solo su capital. Para este feriado, la apuesta se centra en la ruralidad. En el cantón Mejía, conocido como el “Valle de los 9 Volcanes”, el turismo ecuestre se consolidó con 14 rutas que permiten a los visitantes cabalgar por senderos históricos rodeados de paisajes parameros.

Por otro lado, el Noroccidente de Pichincha (Puerto Quito, Pedro Vicente Maldonado y San Miguel de los Bancos) se posiciona como un santuario de biodiversidad. El avistamiento de aves, especialmente de colibríes y el gallito de la peña, es la actividad estrella para quienes buscan desconectarse del ruido urbano.

La ruta del sabor en Cayambe y Pedro Moncayo, la reactivación pasa por el paladar. Las paradas técnicas para degustar bizcochos, queso de hoja y manjar de leche son obligatorias, mientras que, en Rumiñahui, el “cariucho” y la fritada esperan a los comensales más exigentes.

Para quienes buscan el clima cálido de la Amazonía alta, Napo ofrece una combinación única. La puerta de entrada es Papallacta, donde sus famosas termas sirven como el ritual de relajación perfecto antes de descender hacia la selva baja.

Los cantones Quijos y Archidona se convirtieron en imanes para el turismo de aventura internacional. Los ríos Jatunyacu, Hollín y Misahuallí ofrecen niveles de navegación para todos los gustos, desde principiantes hasta expertos en kayak y rafting; se exhorta a los turistas a contratar exclusivamente operadoras certificadas para asegurar equipos de protección adecuados y guías con conocimiento de las corrientes fluviales.

Orellana es quizás el destino más profundo de esta oferta. Al ser hogar de áreas protegidas como el Parque Nacional Yasuní, el turismo aquí se vive como una expedición. En Loreto, el sistema de cavernas y laberintos (como Guami o Milagro de Dios) permite a los viajeros explorar el subsuelo amazónico. Mientras tanto, en La Joya de los Sachas, el agroturismo muestra el origen del cacao fino de aroma, un producto estrella de exportación.

Pero sí de saber el valor de lo ancestral hay la opción de visitar Orellana, destaca por sus centros de turismo comunitario (Yaku Warmi, Sacha Ñampi, entre otros). Aquí, el visitante no es un simple espectador, participa en danzas, aprende técnicas de recolección de alimentos y escucha los mitos de los pueblos Kichwa y Shuar, permitiendo que los ingresos del turismo lleguen directamente a las comunidades locales.

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