Otavalo conserva las tradiciones indígenas por Difuntos

OTAVALO, Imbabura.– Con un caminar pausado, una corona de flores de papel en su mano izquierda, una pequeña canasta cubierta con una tela de paño cargada en su espalda, llega doña  Zoila, de 80 años de edad, hasta el Cementerio Indígena de Otavalo Samasunchic (Descanse en Paz, en kichwa), ubicado en Imbabura, al norte del Ecuador.

Coloca el adorno en una de las más de tres mil tumbas que ahí existen, y junto a una pequeña cruz blanca descarga la canasta que contiene el Kikabi (comida) compuesto de frejol seco cocinado, mote y papas con berro. En voz baja empieza a orar en kichwa. “Estoy pidiendo por el almita de mi marido, para que este bien y descanse”, dice con melancolía la mujer.

Cada año realiza un ritual similar cuando llega el Día de los Difuntos, cuando va a visitar la tumba de su esposo Antonio, quien falleció hace más de 15 años. Como doña Zoila, miles de personas visitan el camposanto desde el 31 de octubre para realizar los arreglos de las tumbas de sus difuntos y, posteriormente, visitarlas    por la recordación del Día de los Difuntos.

La humilde mujer está segura que el espíritu de su esposo permanece junto a ella, y por eso lleva los alimentos que en vida a él le gustaban.

En este sector imbabureño, durante esta época, todas las familias que llegan al Cementerio Indígena llevan alimentos, los colocan sobre un mantel blanco junto al sepulcro y los  comparten con sus vecinos y con las ‘samys’, que en kichwa  significa almas.

En este lugar se evidencia que las tradiciones ancestrales siguen vivas, pues niños, adolescentes y adultos comparten los momentos importantes para la cosmovisión indígena.

En este campo santo de Otavalo es muy común que los más jóvenes y mujeres repartan los alimentos como mote, tostado, arroz, papas con berro, frejol, plátanos, huevos y el tradicional  champús, que según la creencia de los indígenas de esta zona ecuatoriana es la bebida preferida de sus muertos, potaje que lo acompañan con las rosquillas.

Mientras que, los adultos de más edad  son quienes rezan a sus muertos; además, no es nada raro que los visitantes, frente a la tumba mantengan un diálogo con quienes se les adelantaron.

Las serenatas con ritmos andinos y cantadas en kichwa también son parte de esta tradición; al igual que pagar a una persona para que con agua bendita y con el sonido de una pequeña campaña recorra las tumbas orando junto a los deudos.

Sin lugar a dudas, cada una de las prácticas indígenas de estas fechas han  perdurado en el transcurso de los años y se mantendrán como parte de la historia y tradición local.

Por: Carmen Calderón, comunicadora AME UTR 1